Tongo, tongo, tongo…

 

Anoche estuvimos viendo en casa el partido de España contra Marruecos que decidía el primer puesto del Grupo B del Mundial de Rusia. En ese mismo instante se jugaba el Portugal – Irán del mismo grupo que, como el de España, se decidió en los últimos segundos gracias al VAR. Un final inesperado en sendos partidos que acabó por dilucidar quien pasaría como primero y qué selección sería segunda (importante para los cruces de octavos de final). Los dos partidos de la tercera jornada de cada grupo se celebran a la vez. Pero no siempre fue así.

Tal y como le comentaba a Anna, en un arranque de mansplanning futbolero que espero fuera amable o al menos entrañable, recuerdo que en el primer Mundial del que tengo consciencia, justamente el del 82 que se celebró en España cuando yo tenía nueve años, se produjo un incidente que a mi particularmente me sirvió para ensanchar mi vocabulario. Era la primera vez que escuchaba por primera vez la palabra TONGO. Si, hasta ese mundial yo no sabía qué era un tongo. Y es que como ayer, hace justo 36 años dos selecciones jugaban su último partido de la fase de grupos, pero a diferencia de ayer ya conocían lo que habían hecho sus otros dos rivales. Se enfrentaban en El Molinón de Gijón dos países afines en lo político y social durante gran parte del siglo XX, vaya que se podría decir que son casi primos hermanos: Alemania, que entonces era campeona de Europa y aún se le consideraba República Federal, y la Austria del barcelonista Hansi Krankl y del mejor defensa de su historia, Bruno Pezzey, que murió con 39 años, en el 94, después de un ataque al corazón mientras jugaba al hockey hielo. Las dos selecciones centroeuropeas ya sabían que Argelia le había ganado a Chile y sabían también que con un uno a cero a favor de los alemanes ambas selecciones estaban en octavos.

Pues bien, dicho y hecho, marcó Alemania muy prontito y el resto del partido (o simulacro del mismo) consistió en un pelotear sin pasar del centro del campo. La gente que había pagado su entrada, obviamente la que era neutral, acabó estallando en gritos en contra de ese pacto de no agresión infumable que a mí se me quedó grabado para siempre. En mi corta experiencia futbolística, hasta ese mundial no me interesaba el fútbol, aprendí que se podía jugar y se podía pactar en una competición de alto rango.   Lo que muchos consideraron uno de los amaños más bochornosos de la historia de los Mundiales.  Así que la lección de aquella tarde de junio de 1982 consistía en que en el fútbol profesional también se podía especular. La FIFA tomó nota del suceso y en ediciones posteriores acabó programando los partidos de la última jornada de cada grupo a la misma hora para evitar otro caso como el de Gijón. Canal + le dedicó un reportaje a la estafa con declaraciones de un periodista de El Comercio de Gijón que, como no había noticias destacadas para ese día, decidió abrir su sección de Sucesos con un titular que decía: “Timo a 40.000 espectadores”.

El corresponsal de El Mundo Deportivo destacaba en su crónica del día después el descontento del público que asistió al estadio gijonés de El Molinón: “No sirvieron de nada los grifos de protesta de los espectadores, con intentos de invasión del campo por parte de los indignados espectadores argelinos, los jugadores alemanes y austríacos dando una muestra de poca vergüenza y nula deportividad se dedicaron a pasarse el balón unos a otros y consumiendo poco a poco los 5O minutos que faltaban para acabar el partido”. Para poner el broche en el apartado de Incidencias de la ficha técnica del partido con las siguientes apreciaciones: “Ante la inoperancia de los dos conjuntos, en la segunda parte los espectadores lanzaron repetidos gritos de «fuera, fuera!», qué se besen!» y «tongo!». Cuando corría el minuto 72, un grupo de indignados argelinos que veían como su equipo quedaba eliminado sin que pudiesen hacer nada por impedirlo intentaron saltar al campo por la parte de donde se encontraba la meta austriaca. La policía impidió su intento. A 20 minutos del final empezaron a marcharse algunos espectadores indignados con el espectáculo”. Si os fijáis bien más abajo, comprobamos que el cabreo mayúsculo del periodista le llevó a calificar con ceros a todos los jugadores que saltaron en algún momento al campo. De no haber sido por el tongo, Argelia se hubiera convertido en la primera selección africana en pasar la primera ronda. Habría que esperar cuatro años más a que ese hito se lo llevara precisamente Marruecos en Italia 90.

En una página posterior del diario se explica que la federación argelina de fútbol redactó una nota de queja que se leyó en el vestuario del estadio gijonés en la que se hablaba en los siguientes términos: “Este siniestro complot tramado a expensas de Argelia y desarrollado por la complacencia del árbitro y de los dirigentes de la FIFA es un atentado a la ética deportiva y un insulto al público español y asturiano que no se ha dejado engañar”.

Después de explicarle todo esto a Anna he caído en la cuenta de que ella no había nacido aún cuando lo del tongo en El Molinón.

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