El Salvador del Mundial 82

El Mundial de España es el primer recuerdo futbolístico que guardo en mi memoria. Tal vez el último campeonato mundial en el que lo underground y marginal se colaba por un torneo de esas características. El Mundial estuvo muy mal organizado y permitió situaciones hoy inconcebibles como la entrada en el campo del jeque Fahid Al-Ahmad Al-Sabah, presidente de la Federación Kuwaití de Fútbol, para pedir que se anule un tanto de Francia El árbitro soviético anuló el gol.

Pocos días antes el Mundial recogió otro hecho sin precedentes. Es 15 de junio de 1982 y El Salvador debuta en el Mundial de España, tres días después de aterrizar en nuestro país para caer por un rotundo 10 a 1 contra Hungría en la mayor goleada registrada en una fase final de un Mundial. El periplo de la selección centroamericana queda registrado en este documental tituladoUno: La historia de un gol que se estrenó hace (el único gol además de los salvadoreños en un Mundial, si contamos que ya estuvieron en México 70 sin conseguir gol alguno, y que se inmortalizó en este anuncio). El vídeo incluye declaraciones además de los oponentes europeos como del mito magyar, el gigantón Tórócsik.

Brutal el viaje que tuvieron que hacer para llegar a España los salvadoreños, dos días y med¡o de enlaces en aeropuertos y cuando llegan a Madrid se encuentran con que el bus que les espera tiene el logo de México que era la selección favorita para jugar ese mismo torneo  (y que no se clasificó pese a tener en sus filas a Hugo Sánchez que, por cierto, quedó retratado en su partido de eliminatorias en tierras salvadoreñas) y cuando llegan por fin a su sede los alojan en un campo tiro de pichón a las afueras de Elche que era su sede. Y todo eso con la guerra civil salvadoreña en su momento más cruento.

Además de justificada inocencia de los salvadoreños en el debut de una cita como esta y que ya los lastró de buenas a primeras -“hasta que no nos metieron el noveno pensábamos que podíamos empatar contra los belgas, ese gol fue un auténtico mazazo”, comenta un jugador en el documental-, hay que destacar el gafe que persiguió a esta animosa selección durante la fase de grupos. Después de los diez goles sólo para empezar, hay que contar que en el segundo partido de grupo contra Bélgica se enteran de un terremoto que ha sacudido El Salvador y en el tercero juegan contra la Argentina de Maradona que recibe un penal a favor más que discutible (y también se produce un hecho sin precedentes: un jugador salvadoreño logra dar una patada en el culo al árbitro sin que este sepa quién ha sido el responsable), un boliviano llamado Luis Barrancos, el segundo de esa nacionalidad en arbitrar en un Mundial.

Este documental es una oda al infra fútbol (claro ejemplo de cuando lo amateur irrumpe en un evento con categoría mundial, que se supone que es la cita en la que se encuentran los profesionales de esto). Es enorme.

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Aquel Haití del 74

Haití debutaba en un Mundial en 1974. Su única aparición hasta la fecha. A los centroamericanos les tocó compartir la cuota de exotismo de todo mundial que se precie con la representante de África que entonces fue Zaire (actual República Democrática del Congo). Los haitianos ocupaban plaza en un grupo D muy fuerte junto a Italia, Polonia y Argentina. En su primer partido en un mundial, jugado en Munich, se adelantaron en el marcador a los italianos con un gol del ya fallecido Emmanuel Sanon que significaba, además de un sorpresón, el fin de imbatibilidad de selecciones del inigualable Dino Zoff que por entonces llevaba 1143 minutos sin encajar un gol que sigue siendo récord en activo (Sanon volvería a marcar unos días después contra los argentinos, siendo por tanto el único goleador de la selección de la CONCACAF en los Mundiales).

Los mitos (por lo general) visten de chándal

los fantasmas de sarrià visten de chándal

Llega a mis manos el libro ‘Los fantasmas de Sarrià visten de chándal’ desde la estantería de la biblioteca Juan Marsé del barrio de El Carmel de Barcelona. Me encuentro con una novela corta que, entre otras cosas, sigue alargando el magnetismo que desprende aquel estadio del Espanyol que fue volado tal día como hoy pero de 1997, dejando un vacío considerable en un barrio como Sarrià-Sant Gervasi que, como se nos recuerda en el libro, hasta bien entrada la década de los 20 se resistió a pertenecer a la gran Barcelona que se estaba perfilando a principios del siglo pasado (aquella tarde de hace 17 años TV3 emitió en directo la voladura controlada del estadio en una decisión que no gustó demasiado a los pericos por considerarla más un ‘sueño húmedo’ del ente catalán al que siempre se le ha acusado de mimar informativa y parcialmente al cuadro azulgrana).

El autor del libro, el escritor colombiano Wilmar Cabrera, demuestra conocimiento de la ciudad y sobretodo de las vicisitudes que hacen del estadio de Sarrià uno de los campos más míticos de nuestro panorama futbolístico (uno de los protagonistas del libro es Valentí, encargado del césped del estadio durante 40 años), así como una sensibilidad ante las historias que emergen del fútbol del ghetto o del barrio de toda la vida. Se cita al mítico Singuerlín de Santa Coloma y se describen campos de polvo en el Besòs para que se hagan una idea.

De hecho, el escritor parece disfrutar con apuntes sociológicos de la tercera regional barcelonesa. La categoría poblada por jugadores que se resisten a colgar las botas, mercenarios y veteranos del fútbol de tierra, mezclados con emigrantes latinoamericanos y africanos que buscan la inmersión cultural a través del deporte rey que en estas categorías es menor ‘rey’ (y por donde bandas de mafiosos búlgaros campan a sus anchas). La historia además fantasea con la posibilidad de venderle al turista lo que ya no se aguanta de pie en Barcelona: un tour turístico imaginario por los aledaños -los seis o siete edificios de viviendas- donde hasta hace 17 años se erigía el escenario del mejor partido de los mundiales: ni más ni menos que aquel Italia-Brasil de cuartos de final que dejó fuera a los favoritos al título mundial después de aquel sorpresivo 3 a 2. Los turistas que llegan a Barcelona deben conocer donde se alzaba el campo del Espanyol. Es aquí donde entra otra de los registros del libro: el de la crónica futbolística pormenorizada con la que rememorar a posteriori aquel partido de leyenda como si lo estuviéramos viendo en cinta VHS o BETA, los entornos de la época. La que intenta masticar el chicle de la leyenda pero trascendiendo más allá del cliché, con anécdotas que se refieren tanto al partido en sí como a la concentración del combinado de Enzo Bearzot y del de Tele Santana (incluso incide en aspectos personales de ambos seleccionadores, como por ejemplo la enfermedad que se llevó al seleccionador de Minas Gerais). Un partido memorable que en realidad conmemora la derrota de una selección de fantasía.

Habremos oído hablar de ese partido miles de veces, pero sigue poniéndonosla muy dura recordar a los Socrates, Rossi, Zoff, Zico (o al defensa impoluto  Gaetano Scirea del que hace poco recordamos su muerte en un accidente de tráfico sólo unos pocos años después de levantar la copa en el Santiago Bernabeu) y demás fetichismo recurrente de aquel climax del fútbol ochentero. Un libro condescendiente con los masturbitas del fútbol de leyenda. Un día se dijo de aquel partido que había sido el mejor partido de los Mundiales y hasta ahora. Aquel Italia-Brasil es el ‘Star Wars’ del fútbol mundial. Un mito que se agranda con el tiempo y que nos impide crecer. Como aquella alineación de Italia que los de mi edad nos sabemos de memoria: Zoff, Cabrini, Collovati, Gentile, Scirea, Antognoni, Oriali, Tardelli, Conti, Graziani y Rossi. Como un salmo que recitamos las noches que no podemos dormir.

Shooting for Socrates

socrates

Los fans del jugador brasileño Sócrates estamos de enhorabuena porque parece ser que una vez se acabe el Mundial se estrenará su biopic, Shooting for Socrates. Según leo en Cinemania la película se detiene en el partido de la fase de grupos del Mundial de México 1986 que enfrentaba a Irlanda del Norte y a la Brasil del jugador ya fallecido: “El filme aprovecha para unir la situación política de Irlanda con la intrahistoria del enfrentamiento con Brasil (cuyo líder espiritual en el campo era Sócrates, muy crítico en los años de la dictadura brasileña) en el campeonato, en la fase de grupos junto a España y Argelia, con un papel importante de la figura casi mítica del seleccionador Billy Bingham (alias Mr. FIFA, “a fee for this and a fee for that”, solía decir sobre el organismo rector del fútbol mundial), interpretado por John Hannah, popular rostro de La momia y Cuatro bodas y un funeral”. Parte de la película se ha grabado en el Rico Pérez de Alicante lo que ha provocado que muchos actores sean de nuestro país. El papel de Sócrates, sin ir más lejos, lo encarna Sergio Mur que ha participado en teleseries como Cuéntame, Gran Reserva y Física o Química.