El cromo más buscado

El cromo más buscado

El niño que en la temporada 82-83 tenía el cromo de Thomas N’Kono era considerado el elegido de ese colegio. Hace un tiempo busqué este cromo que llevaba de cráneo a los coleccionistas de cromos de aquella temporada en la que el portero camerunés fichó por el RCE Espanyol después de un brillante mundial 82. De rebote encontré toda una historia de conspiranoia de la que fuí ajeno de niño y que explica porqué este cromo no se encontraba en ningún sobre (o casi ninguno). Parece ser que al ser N’Kono uno de los primeros jugadores negros en jugar en La Liga hubo una especie de boicot hacia él que no sé si está del todo demostrado (se cita a otro portero negro que fichó ese año por un club español, también después de una soberbia actuación en el Mundial del Naranjito,  el hondureño Julio César Arzú que fichó por el Racing de Santander y éste no recuerdo si era fácil de encontrar o no pero seguro no triunfó en el equipo cántabro):

“En la temporada 1982-1983, recién finalizado el Mundial de España 1982, resultaba casi imposible conseguir el del portero camerunés N’Kono fichado por su brillante trabajo durante el Mundial por el RCD Español, y el del portero del Racing de Santander Arzú. Sí, ambos de color, imagino una reunión de despacho dilucidando que cromos serían ese año los encargados de volver locos a los chavales de todo el país, y a algún empresario fascistoide diciendo: “… a los negros, que busquen a los negros…”, pondría la mano en el fuego”.

Sea como fuere, me quedo con la reseña que hace colaboracionciudadana a la hora de explicar cómo  conseguíamos los niños el álbum y los cromos de cada temporada. Totalmente de acuerdo con que el hombre que esperaba en la puerta de los colegios era el famoso y temido hombre que se suponía repartía droga entre los niños para engancharlos a vete tu a saber qué sustancia, en todo caso esa droga tenía forma de cromo: “La otra opción a la hora de conseguir el álbum y un buen puñado de cromos, era el día en el que un señor con barba acudía a tu colegio. Ese señor tenía el mejor trabajo del mundo (intuyo ya extinto), y consistía en ir de colegio en colegio repartiendo álbumes y cromos a todos los niños, ante el salvajismo y la locura frenética transformada en espiral de violencia a su alrededor. Escenas muy similares a la ayuda humanitaria en los países subdesarrollados pero con distintos fines. Entre mi cuadrilla se le conocía cómo El Panini. Era el señor con barba más querido del barrio, incluso más que el famoso señor que se suponía acudía también a la escuela y daba caramelos con droga a los menores. A ese jamás lo vi, y de existir me lo imagino diciendo la famosa frase de Faemino: “Señor Obispo, bendígame porque soy tonto”.